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Namib y Kalahari superados: el barcelonés Sergio Fernández suma dos nuevos desiertos a su particular desafío (19-12-05)
"Me he acostumbrado a pedalear a más de 50 grados de temperatura"
Los desiertos de Namib, en la legendaria Costa de los Esqueletos de Namibia, y Kalahari, en el corazón de Botswana, han sido los últimos escenarios de la particular odisea ciclista del periodista barcelonés Sergio Fernández (Tolosa, 31) quien ya lleva tres años recorriendo en bicicleta, en solitario y sin
asistencias de ningún tipo, los siete desiertos más emblemáticos de los
cinco
continentes.
Tres años de aventuras
Primero cruzó los desiertos de Australia, realizando 6.000 km desde Darwin
hasta Sydney. Luego continuó su periplo hacia la Patagonia, en Argentina,
enlazando la travesía con una ardua expedición por el yermo desierto de
Atacama, en Chile, finalizando una travesía de 8.200 km en el salar de
Uyuni,
en Bolivia. Antes de abandonar el continente americano recorrió los
desiertos
de California, Nevada, Utah y Arizona, sumando otros 3.000 km entre las
localidades de San Diego y Denver, Colorado. Ahora le ha llegado el turno
a África, en donde ya ha cubierto los desiertos de Namib, en Namibia, y
Kalahari, en Botswana, realizando en bicicleta más de 3.000 km. El año
próximo
tiene previstas otras dos expediciones desérticas, con las que completaría
la
lista del "Reto Top Cable 7 Desiertos", del que prepara la edición de un
libro
y una película con las imágenes grabadas. Una de ellas será en el inmenso
Sahara y la otra en el desierto de Gobi, entre China y Mongolia.
Namib: 2.000 km de polvo, arena y sueños
"El desierto de Namib ha supuesto un esfuerzo extraordinario. Jamás hasta
ahora había tenido que pedalear por pistas en verdadero mal estado a
temperaturas que rondaban los 55 grados", destacaba Sergio Fernández a su
regreso a Barcelona. La travesía del Namib comenzó en la capital de
Namibia,
situada a unos 500 km de la costa Atlántica. "El desierto de Namib
comprende
una franja de varios centenares de kilómetros a lo largo de todo el
litoral
del país", explicaba el aventurero, quien decidió cruzar el desierto a
través
de la región montañosa del Naukluft, alcanzando el océano en Walbis Bay,
no
sin antes haber pasado por el mar de dunas de Sossusvlei.
A razón de etapas diarias que rondaban los 120 km por pistas pedregosas
tuvo
que sortear obstáculos orográficos importantes, como los cañones de Gaub y
Kuiseb, así como diversos puertos de montaña. "El tramo más largo sin
posibilidad de conseguir agua fue el que va de Solitaire a Walbis Bay",
recuerda el ciclista. Son 240 km por una pista de tierra y piedras que
atraviesa una región deshabitada. Para vencer a las altas temperaturas,
que en
las horas centrales del día se acercaban a los 60 grados Celsius al sol,
optó
por pedalear gran parte de la noche "aprovechando la luna llena".
Tras reponer su despensa en Swakopmund, antigua colonia alemana en la
costa
del país, la travesía continuó hacia el norte del país a través del
corredor
que separa los bancos de dunas de la costa de la gran llanura de Etosha.
Sumaba así otros dos mil kilómetros a través de esta región hiperárida en
la
que gracias al agua subterránea subsisten los pueblos Damara, Herero y
Himba,
todos ellos de tradición ganadera, a la vez que tuvo ocasión de ver de
cerca "sin entrar en ningún parque nacional ni reserva" al emblemático
elefante del desierto que habita en el curso del casi siempre seco río
Ugab,
manadas de cebras montaña, diversas clases de antílopes y huellas dejadas
en
la arena por ejemplares de otras especies que "es mejor evitar", como
leones,
rinocerontes y "todo tipo de insectos, serpientes y arácnidos".
Kalahari: la "gran sed"
Tras cruzar el desierto de Namib, cuyo límite norte se encuentra en la
frontera con Angola, el periodista decidió pasar varios días en la región
de
Kunene, antes conocida como Kaokoland, con tal de visitar las aldeas
semipermanentes en las que viven clanes Himba. Allí tuvo ocasión de
comprobar
que incluso en el siglo XXI las ancestrales costumbres y la forma de vida
nómada pueden ser una realidad. El cicloviajero fue testimonio de la
ceremonia
del fuego sagrado, que ayuda a resolver los problemas del grupo, y del
ordeñe
de la vaca sagrada, actividad realizada cada mañana, con tal de buscar el
favor de los dioses.
Poco después reinició la marcha para recorrer esta vez el desierto de
Kalahari, cuyo nombre procede de la palabra 'Kgalagadi', que en lengua
tswana
significa, literalmente, 'la gran sed'.
A causa de las estrictas normativas de los parques nacionales en Botswana,
el
itinerario quedó "totalmente restringido" al corredor artificial que se ha
creado en medio del inmenso desierto, surcado por la Trans-Kalahari
Highway,
vía asfaltada desde 1998. Después de recorrer el Namib, con sus "caminos
pedregosos y subidas inhumanas", el Kalahari se presentaba aparentemente "más
accesible", aunque "la distancia entre dos puntos sin opción de
avituallarse
de agua y alimentos se elevaba a 320 km en algunas ocasiones".
Todo ello supuso que la travesía debía realizarse en el menor tiempo
posible,
lo que le obligaba a cargar con hasta 18 litros de agua y recorrer una
media
de 180 km diarios. "En estas condiciones de calor y sequedad extrema el
cuerpo
se deshidrata sin que te des cuenta. El cuerpo te pide agua continuamente
y
jamás tienes la sensación de transpirar. Sin embargo, la deshidratación es
un
hecho constante: en una etapa bebes ocho litros de agua y no vas a baño en
todo el día", explica Sergio Fernández, quien calculaba sus reservas de
agua
en base a la pasmosa ecuación de "un litro por hora de ejercicio, que a
veces
supone 20 km y otras sólo diez, en función del viento y el terreno".
Para ésta y otras notas de prensa:
http://www.conunparderuedas.com/notas
Para conseguir fotos en alta definición de las últimas expediciones:
http://www.conunparderuedas.com/fotos
ftp://ftp.conunparderuedas.com
Más información sobre el Reto 7 Desiertos en:
http://www.conunparderuedas.com
Muchas gracias por vuestro apoyo y hasta pronto.
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